La captura de Ramón Ángel “N”, alias “R1”, no sólo permitió detener a uno de los objetivos prioritarios del Gobierno de México, sino también exhibir la estructura y el alcance territorial de “Los Rs”, una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que, de acuerdo con el Gabinete de Seguridad, operaba una red criminal con presencia en diversos municipios de Jalisco y Michoacán.
Durante la presentación de los avances de la investigación, las autoridades federales informaron que meses de trabajos de inteligencia permitieron identificar la organización interna del grupo, sus zonas de operación, las redes de apoyo que facilitaban su movilidad y las actividades ilícitas que desarrollaban en ambas entidades.
Según la información oficial, la célula tenía presencia en la Zona Metropolitana de Guadalajara, así como en los municipios de Mazamitla, Valle de Juárez y Teocuitatlán de Corona, en Jalisco. En Michoacán, su influencia se extendía a Huandacareo, Álvaro Obregón, Tzitzio y Tacámbaro, regiones donde presuntamente mantenía control de rutas logísticas y una red de colaboradores para facilitar sus operaciones.
Las investigaciones federales señalan que la organización obtenía recursos mediante el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, el suministro de armas y municiones, la extorsión a empresarios y productores agrícolas, además de homicidios dirigidos contra grupos rivales y servidores públicos. También se le atribuyen funciones de protección logística para otras operaciones del CJNG, consolidando una estructura regional con capacidad para operar de manera coordinada en dos estados.
La desarticulación de esta célula comenzó con un operativo realizado en Atotonilco El Alto, Jalisco, donde fuerzas federales detuvieron a “R1” y a otro presunto integrante identificado como Jesús Salvador “N”, alias “El Chuy”. La intervención derivó en un enfrentamiento armado con integrantes de su círculo de seguridad, lo que evidenció el nivel de protección con el que operaba el líder criminal.
Para las autoridades, la importancia de la captura va más allá del aseguramiento de un jefe regional. “R1” es señalado como el presunto autor intelectual del asesinato del entonces alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, crimen que marcó uno de los episodios de mayor impacto político y de seguridad en Michoacán durante el último año. De acuerdo con las investigaciones, el homicidio habría sido planeado por la célula tras considerar que las acciones emprendidas por el edil afectaban sus intereses criminales en la región.
El caso también confirma que Jalisco continúa desempeñando un papel estratégico para las organizaciones delictivas. Aunque muchas de las actividades atribuidas a “Los Rs” se concentraban en Michoacán, la estructura utilizaba municipios jaliscienses para la movilidad de sus integrantes, el abastecimiento de armamento y la conexión con corredores carreteros que comunican el occidente del país. Esta dinámica explica por qué la captura del líder ocurrió en territorio jalisciense y no en el estado donde concentraba la mayor parte de sus operaciones.
Especialistas en seguridad advierten que la detención representa un golpe operativo importante para la organización; sin embargo, ello no implica automáticamente la desaparición de la estructura criminal. Las autoridades federales continúan las investigaciones para identificar a mandos intermedios, redes de apoyo y posibles colaboradores que permitieron la expansión del grupo en Jalisco y Michoacán, con el objetivo de evitar una rápida recomposición de la célula delictiva.






