La carrera por Guadalajara ya comenzó, aunque falten poco más de un año para la elección del 2027. En Morena, un nombre empieza a sonar con fuerza: Mery Pozos (Merilyn Gómez Pozos). Su posición como diputada federal y, sobre todo, como presidenta de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública —una de las de mayor relevancia en el Congreso de la Unión—, la coloca en una vitrina nacional con impacto directo en lo local. No es un detalle menor: quien controla la discusión presupuestal se convierte en un nodo estratégico de interlocución con alcaldes, gobernadores y estructuras partidistas.
A ese capital institucional se suma un factor político clave: su cercanía y amistad con María Luisa Alcalde, dirigente nacional de Morena. En un partido donde la línea nacional pesa —y mucho—, contar con respaldo en la cúpula no solo otorga visibilidad, también capacidad de maniobra interna. En un proceso de definición que será más político que ideológico, esa conexión puede inclinar la balanza.
Pero Pozos no solo ha construido desde la tribuna legislativa. En los últimos meses ha intensificado presencia territorial en los distritos que conforman Guadalajara, particularmente en el oriente de la ciudad y, de manera estratégica, en el Distrito 11, su base natural. Esa zona —históricamente con mayores rezagos sociales— puede convertirse en el laboratorio político que impulse una candidatura con narrativa de cercanía social y reconstrucción comunitaria.
Sin embargo, la contienda interna no será sencilla. Carlos Lomelí, senador por Jalisco y ex candidato a Guadalajara, mantiene aspiraciones claras de volver a competir por la alcaldía. Lomelí ha trabajado durante años estructuras partidistas propias y conserva una red territorial consolidada. Además, su capacidad financiera —derivada de su actividad empresarial— le ha permitido históricamente operar con mayor autonomía y músculo político. En Morena, eso pesa.
El tablero cambió con la llegada de Ricardo Villanueva, ex rector de la UdeG, como delegado de Morena en Jalisco. Su incorporación introduce un nuevo equilibrio. Villanueva no es un actor menor: tiene experiencia política, redes académicas y una narrativa de gestión institucional que puede influir en la construcción de consensos internos. Su presencia podría impedir que la definición se incline automáticamente hacia el aspirante con mayor estructura o recursos económicos.
La disputa por Guadalajara no es solo municipal. Es estratégica. La capital jalisciense es la “joya de la corona”: quien la gane en 2027 se convertirá, de manera casi automática, en aspirante natural a la gubernatura en 2030. La historia política reciente del estado confirma que la alcaldía tapatía funciona como plataforma de lanzamiento estatal.
En ese escenario, Morena enfrenta un dilema clásico: ¿apostar por estructura consolidada o por perfil institucional con respaldo nacional? ¿privilegiar músculo financiero o narrativa territorial y cercanía social? El partido deberá equilibrar pragmatismo electoral con cohesión interna. Una definición mal procesada podría fragmentar fuerzas en una plaza que sigue siendo territorio competitivo frente a Movimiento Ciudadano.
Prospectivamente, si Pozos logra articular su capital legislativo, respaldo nacional y trabajo territorial en el oriente de la ciudad, podría consolidarse como una opción atractiva para el electorado urbano que busca renovación dentro del partido. Pero si Lomelí mantiene cohesión en sus estructuras y capitaliza su experiencia previa como candidato, la disputa interna será intensa.
Guadalajara no es solo una alcaldía más: es el trampolín hacia el poder estatal. Y en Morena, la carrera ya empezó.




